sábado, 28 de enero de 2012

Sharpe: Bernard Cornwell



STEADY LADS!

STEADY!
Hold fire, hold fire until command.

Steady!
Sargent, FIRE!
FIRE!

Horizontes llenos de humo, sol ardiente sobre las cabezas cansadas cuyos ojos agrietados de tanto observar el campo de batalla se entrecierran enrojecidos. En el fondo la lejana colina por donde aparecerá el ejército enemigo. Hombro con hombro, silenciosos aguardan aquellos soldados, de los cuales muchos estarán al alba muertos y comidos por los buitres. Las casacas abotonadas, las botas pulidas, los rifles preparados para entrar en acción, al frente su capitán: Richard Sharpe.  
Sharpe, el hombre al que su valor le concedió el rango al que sólo aspiraban los ricos y los nobles, el hombre que aprendió a luchar en la más profunda cloaca y acabó derrotando al mismísimo Napoleón. Desde Flandes a España y Portugal, pasando por la India y luchando como un bravo en la batalla de Trafalgar. Sharpe, el hombre del General Wellington.

Estar sólo en la batalla, esperando la carga de la infantería francesa. Saber que todo en esa guerra es esperar, aguantar y disparar. Si tu unidad aguanta y recarga lo suficientemente rápido como para disparar 5 rondas, entonces la victoria es tuya. Pero si vacilas un solo segundo, si tus hombres dudan, entonces todos acabaréis muertos.
Pero lo peor viene cuando es algún ricachón de Londres que quiere ganar gloria y fama en la batalla quien, con su dinero, compra el cargo de comandante o general y dirige tu ejército. Acunados nobles sin cultura militar, sin estrategia, sin valor.  Cobardes y engreídos ricachones que sólo saben azotar a los soldados para sentirse superiores. Y Sharpe sabe que “flagged soldiers just know how to run”. Cuántos buenos hombres murieron por estos oficiales asesinos. Cuántas batallas se perdieron por tener que obedecer a quien no sabe luchar por sí mismo. Cuántos soldados tuvieron que acatar una orden estúpida sabiendo que era su sentencia de muerte.
Pero no todo en esta vida está fijado con una lanza al corazón del soldado, pues también era durante estas guerras en los que los soldados vivían su vida,  pues duraban largos y numerosos años. Allí también había amor, exotismo, pasión, lujuria, amistad e incluso familias que les seguía por los caminos tortuosos. “The needle”, Teresa, la más valiente mujer del ejército partisano, hiriente como una aguja, comandante Teresa. Y qué decir de la amistad, del Sargento Harper, el irlandés más irlandés que ha parido madre. Y los “Chosen ones”, todos ellos leales compañeros que se dejaron su último aliento junto a sus amigos.
Bajo ningún concepto me gustaría estar en una guerra, no quisiera vivir en esas épocas, pero leerlas, leerlas sí. La gloria, el heroísmo, la aventura, la agonía, la desesperación que acaba en triunfo. Aunque la historia humana sea triste, aunque las muertes sean las damas de honor de la guerra, aunque desaparezcan los seres queridos entre las páginas amarillentas de los libros, aunque el sufrimiento y el dolor se marque en cada una de las letras, aún así me gusta leer estas historias bélicas. Vivirlas y ser por unos momentos Sharpe, el hombre que se apoderó del “Águila” de Napoleón.  



domingo, 22 de enero de 2012

Once Upon a Time



Un día cualquiera, la verdad es que no consigo recordad si era lunes, martes, miércoles, la verdad ni idea, me levanté sin más, como todos los otros días. Pero no era así, algo en mi interior me hacía sentir diferente. ¿El qué podría ser?, quedaba fuera de mi raciocinio. De hecho, lo único que yo notaba es que estaba un poco diferente: ni mejor ni peor, diferente. Me miré en el espejo y ahí estaban mis dos ojos, mi nariz y mi boca, todo correcto. Mis pies también parecían estar donde tenían que estar, dentro de sus zapatillas peludas. Brazos, correctos. La barriga ni más ni menos hinchada que el día anterior. En realidad yo podía decir que era yo, aunque no me sentía el mismo yo que ayer. Tampoco es que haya sido nunca un hombre que me haya dado por pensar mucho, negarlo sería una tontería. Así que me tomé mi café, que me supo un poco diferente, arranqué mi coche y me piré a trabajar porque con la tontería llegaba ya un cuarto de hora tarde. Puse la radio en la frecuencia de todos los días, eso sí, la voz que salía tenía un eco… apagué la radio. Entonces lo oí: Dong, Dong, Dong, Dong, Dong, Dong, Dong, Dong…; las ocho. El reloj de la iglesia, por primera vez en 33 años, había sonado. ¿Sería fruto de las últimas elecciones municipales? Mira que me extrañaba.

Sin darme mucha cuenta fui decelerando mi destartalado Chevrolet (coche que me había comprado únicamente por cómo sonaba su nombre) hasta detenerme. De repente, un impulso en la pierna derecha, otro en la mano, y sin saber cómo había abierto la puerta y me precipitaba hacía el asfalto. Mis pies iban solos, y os puedo asegurar que eso sí que era raro. Afortunadamente mi cuerpo seguía pegado por la cintura, de forma que pude seguirles. En mi deambular caótico que me dirige hacía la torre del reloj me doy cuenta de que no voy solo. Mis ojos se giran para mirar fijamente a un hermoso “Pepito grillo” vestido de Tweed. No puede ser, parpadeo numerosas veces, pero no hay cambio, es una certeza, ni mota ni alucinación, es Pepito Grillo. El susodicho me mira sonriente y eleva su paraguas en señal de saludo. Mi cara, totalmente desbordada de sorpresa no consigue devolver el saludo. Mis piernas, que me habían concedido este sorprendente receso vuelven a la carga y me presionan hacía el reloj. Y entonces sí, sí que los veo. ¡A todos ellos: Caperucita (que buena que está la moza), Cenicienta, Geppetto, el Hada Madrina!!!

¡Dios! ¡Flipo! Estoy completamente seguro de que esta transmutación, esta metempsicosis de cuento no se debe en absoluto a las elecciones municipales. ¿Qué diablos ha pasado?
Y PLUFFF, fue en ese preciso momento cuando me convertí en calabaza.

sábado, 14 de enero de 2012

I Want it All: Queen




I WANT IT ALL

Adventure seeker
on an empty street,
just an alley creeper, light on his feet.
A young fighter screaming, with no time for doubt
with the pain and anger can’t see a way out.
"It ain’t much I’m asking", I heard him say,
gotta find me a future move out of my way.
I want it all, I want it all, I want it all, and I want it now.

I want it all, I want it all, I want it all, and I want it now.

Listen all you people, come gather round,
I gotta get me a game plan, gotta shake you to the ground.
Just give me what I know is mine,
people do you hear me, just give me the sign.
It ain’t much I’m asking, if you want the truth,
heres to the future for the dreams of youth.
"It ain’t much I’m asking", I heard him say,
gotta find me a future move out of my way.
I want it all, I want it all, I want it all, and I want it now.

I want it all, I want it all, I want it all, and I want it now.

Im a man with a one track mind,
so much to do in one life time (People do you hear me)
Not a man for compromise and where’s and why’s and living lies,
So I’m living it all, yes I’m living it all,
and I’m giving it all, and I’m giving it all.
"It ain’t much I’m asking", I heard him say,
gotta find me a future move out of my way.
I want it all, I want it all, I want it all, and I want it now.

I want it all, I want it all, I want it all, and I want it now.


Aventureros en las calles gritando libertad. No pedimos lo imposible, sólo lo que sabemos que es nuestro: el futuro. Y lo queremos ya. Somos millones, millones de jóvenes pidiendo justicia, libertad, pidiendo acción y que nuestros sueños de juventud se puedan cumplir. No queremos seguir siendo luchadores callejeros que andan de puntillas por las calles sombrías, no queremos estar hundidos bajo la presión de gobiernos corruptos que no saben lo que es caminar. Queremos que nos dejéis decidir y lo queremos ya.

Todos esos senescales grasientos y barrigones, todos esos politicuchos llenos de agravios cometidos, todos esos banqueros sin alma, muñecos de paja enmohecida, se os ha acabado el tiempo. Hemos venido a por vosotros y hemos llegado ya. El 15 M, la primavera Árabe, las revoluciones ciudadanas son sólo el principio. La nueva hegemonía no la va a tener China, ni EEUU, ni el FMI, ni Moodys, no la va a tener la gente, la gente que unida va a salir a las calles a reclamar lo que es suyo. Cientos de miles de almas en cada calle reclamando a voz en grito ese I want it all and I want it now con la fuerza de 10.000 voces de Freddie Mercury.

Uno sólo en la calle, está escondido, está asustado y está vendido. Pero si ese uno se coge de la mano de un amigo, y ese amigo de otro y de otro y de otro. Y los diferentes grupos nos vamos haciendo uno, entonces no nos podrán parar, nos escucharán porque si no seremos nosotros los que dejaremos de escucharles a ellos. Hay demasiado que hacer para una sólo vida, pero dejaremos nuestro legado para un mundo más justo en el que los nacidos no tengan que esconderse en los oscuros callejones mendigando libertad.

Queremos trabajar, y queremos hacerlo dignamente, queremos poder cobijarnos y queremos que esas casas no nos amarguen la felicidad, queremos poder respirar aire y que ese aire no sea nocivo, queremos caminar entre bosques, navegar en mares sin plomo, poder sentarnos con los amigos y mirarles a la cara, poder coger sus manos, queremos poder tomar decisiones compartidas y que ningún engreído abuse del poder que nadie sabe cómo ha conseguido. Queremos poder gritar y que nadie nos calle, queremos no tener que evadirnos en el alcohol y la noche del fin de semana, queremos no llegar a casa angustiados y con sensación de fracaso, de que nuestra vida no vale nada. Somos jóvenes, somos válidos, sabemos mucho sobre el mundo y queremos cambiarlo. No es justo que la gente preparada tenga que hacer cola en el paro en lugar de ponerse su bata y entrar como un obseso en el laboratorio con la pipeta en la mano, no es justo que una persona tenga que trabajar 12 horas al día para llevar un jornal mientras unos frescos se atiborran a dinero con pensiones millonarias y corruptas, no es justo que nos pidan estar orgullosos de una democracia a la que le falta levadura y horneamiento, no es justo que nos aparten de todo aquello que afecta a nuestra vida. Y como no es justo no lo vamos a permitir. Lo repito, atentos gordos banqueros y políticos corruptos, porque vamos a por vosotros. Iremos desde las calles a las que nos echasteis, pero esta vez no iremos de puntillas, no iremos con la cabeza baja, no iremos en silencio.

Este es el inicio, la marea verde, la marea blanca, el 15 M, la primavera árabe… aún tenéis el poder y creéis que no podemos quitároslo. Pero vamos a por vosotros. Como diría Paul Moabdib en el Dune de Frank Herbert rodeado de miles de Freemen: ¡Emperador! ¡Vamos a por ti! vamos a por ti.

domingo, 8 de enero de 2012

Justine o los infortunios de la virtud – El Marqués de Sade


A decir verdad hasta ahora nunca había escrito sobre un libro que no me hubiera acabado de leer, pero ha llegado el momento. Cuando lees Justine te entran ganas de contarlo, de divulgarlo, de hablar sobre él y ver qué es lo que piensa el resto de la gente. Ante todo es un libro que no deja indiferente. Algunas de las personas con las que he hablado lo consideran como una crítica realista que debemos escuchar y casi seguir al píe de la letra, otros como una sátira, como una broma o como una blasfemia. Lo que está claro es que es un libro muy pensado, lleno de argumentos irreprochables que de seguirlos acabaríamos nuestros días tan mal como los vividos por el Marqués.

¿Cómo es verdaderamente nuestra sociedad? ¿Es ese tipo de sociedad puritana y virtuosa que premiaría a Justine y castigaría a Julieta? ¿Ese tipo de sociedad capaz de tener a un tipo tan especial como el Marqués de Sade enjaulado durante toda su vida por unas supuestas relaciones extraconyugales, lascivas y depravadas? ¿Es, por el contrario, una sociedad libertina y descarriada que premia a los que asesinan, oprimen y se aprovechan de los demás con el único objetivo de medrar ellos mismos? Es difícil de decir. Creo que el Marqués escribió sobre una sociedad corrupta que a nuestros ojos actuales parece casi puritana dado el desequilibrio de poder que existe ahora, diferente y puede que mayor que el anterior. 

El libro de “Justine o los Infortunios de la Virtud” es completamente actual. Julieta ganó y Julieta gana. Justine no tiene nada que hacer en este mundo más que sufrir. El mundo es egoísta, y cuando digo mundo digo los humanos. No todos, por supuesto, pero la mayoría.

De aquellos que no pueden ser definidos como egoístas, la mayor parte, entran dentro de la definición de colectivistas, que a términos globales viene a ser casi lo mismo. Hace ya treinta años un psicólogo social definió los cuatro motivos que llevan a la gente a actuar a favor de la sociedad. Los cuatros motivos son: egoísmo, colectivismo, altruismo y basado en principio (principalism). Todos, en la mayoría de las situaciones manifestamos un combinado de estos motivos, aunque alguno de ellos predomina sobre los otros. Además, en términos generales, a través de las diferentes situaciones y momentos, cada persona tendemos a basarnos más en uno de ellos que en los otros. Ahora os dejo que completéis vosotros el motivo por el que la mayoría de la gente actúa la mayor parte de las veces.

Justine del Marqués de Sade no es una guía, no es una broma, no es una crítica sin más, es una sátira en la que se ríe de cómo hemos podido generar una sociedad así y encima creer que es virtuosa. Demuestra claramente la arbitrariedad de nuestros juicios, la mayor parte de ellos basados en creencias infundadas, así como los dobleces de nuestras acciones, los intereses ocultos. Es un verdadero hijo de la ilustración que muestra en su teatrillo de humanos la vida cotidiana: llena de avaricias, envidias, enfados, celos, irracionalidades, fanatismos… En fin, esas cosas que hacemos todos la mayoría de nuestros días, sólo que el no se limita a señalarlas, sino que las acentúa y las lleva al extremo. Si le quitas los “ismos” a este libro te queda la sociedad tal cual. El Marqués de Sade no es un pornógrafo incitador sino un sociólogo y de los buenos.


¿Por qué tengo esta visión? Aunque tengo muy buena gente a mi alrededor que no tienen nada que ver con todo lo que he dicho antes, de hecho se parecen más a Justine que a otro arquetipo de persona, también me he encontrado con mucha gente, cercana y lejana, que en plena época de crisis está obsesionada con su “yo”. Pensamiento normal, por otra parte, lo de las mujeres y los niños primero sólo si hay hueco para todos y no hay excesiva prisa. Pero, no sé, últimamente espero más de la gente y ese poquito más sólo lo encuentro en mis padres, hermano, María y los cuatro o cinco mejores amigos que tengo, aquellos que comparten mi forma de ver el mundo. Estamos en crisis, pero no sólo económica, desde hace años estamos perdidos en una crisis de valores y creencias. Debemos pensar en el nosotros y no sólo en el yo. Debemos aprender de las enseñanzas del Marqués y alejarnos de la sociedad que él describe y de la que nos advierte. Debemos basar nuestras acciones y juicios más en los tres últimos motivos que en el primero, ser solidarios, pensar globalmente…, en fin todas esas frasecillas fáciles que parecen ser sólo aforismos. ¿Por qué? Porque si no lo hacemos acabaremos violando a Justine doscientas veces por todos los templos de las ofrendas, acusándola de robo y asesinato, maltratándola y lanzándoles los perros para que la destrocen. Seremos mucho peor que la perversa mente del Marqués de Sade. Seremos, sin lugar a dudas, los hijos del Sadismo.



domingo, 1 de enero de 2012

Tríodo


I

Levantó la cabeza confundida ante tamaño ajetreo, ni siquiera era época de rebajas, pero parecía que todas se habían vuelto locas. Desesperada miró varias veces a los lados y decidió dejar los Reyes para otro día. Mientras abandonaba el rastro de ácido fórmico maldijo el día en el que decidieron copiar esa estúpida tradición humana.

II

Estúpida tradición humana: esconderse mientras haces tus deposiciones. ¿Quién fue el primero que siendo mono decidió meterse entre los matorrales? ¿Y el segundo que optó por copiarle? Ahora todos condenados a tener pestillos en los baños individuales. Si Berlanga estuviera vivo…

III

Si Berlanga estuviera vivo yo estaría de acuerdo, pero siendo que no… Yo me opongo, aunque sea el único que mantenga esta posición discordante”. Lo dije convencido, con fuerza, pero la espesa mirada de todas aquellas almas empezó a debilitar mi coraje. Dudé, pero me parecía un desperdicio no proponerle dirigir película estando con nosotros en el Más Acá… 

domingo, 25 de diciembre de 2011

Paraíso inhabitado: Ana María Matute



Volver la vista atrás, hacia lo que ya se ha vivido. 
Debe ser extraño contemplarte siendo niño cuando ya tienes arrugas en los ojos y en el alma. Un día, mirando fijamente un cuadro descubriste que un unicornio de la pintura medieval salió corriendo y hasta que pasó un buen rato no volvió a su sitio. Hoy, por más y más que miras el cuadro, el unicornio parece seguir ahí, quieto, impasible. Sólo los ojos de un niño pueden verle moverse. Nosotros, creo que como mucho, concentrándonos en no prestar atención al cuadro podemos oír sus pezuñas golpeteando el suelo. Últimamente nos cuesta tanto imaginar. No hablo de mí, por fortuna aún soy capaz de perseguir mis unicornios y subir a la ventana del fin del mundo, digo de la sociedad, de la gente con la que te cruzas. Tan serios parecen todos, tan centrados en lo imposible, en lo negativo, en lo que no puede hacerse. Me recuerdan a los hombres de gris que querían capturar a Casiopea. ¿Habrá algún Bepo capaz de ayudarnos? Quizá seamos cada uno de nosotros ese mismo Bepo.


Es un libro melancólico, pero deja muchos otros aromas entremezclados con el regusto viejo de la barrica. Casi vemos como hemos dejado de ser gnomos y vivimos pataleando a gusto en este insípido mundo de gigantes. Un mundo en el que las aventuras de Zas y Gavrila no tienen sentido, sino castigo. Volar entre veleros en un terrado no es lo mismo que ensuciar un puñado de sabanas recién lavadas. El mundo nos está llevando a ver que todo son sábanas sucias, que no podemos volar, que no podemos surcar los mares en unos patines voladores, pero nosotros tenemos que enseñarle al mundo que sí se puede. La crisis, el dolor, la presión, la desgracia son elementos necesarios de la vida, pero no son lo único. Si olvidamos todas las otras cosas, todo lo que de verdad nos hacer reír, entonces estaremos perdidos, sin posibilidad de volver a escuchar los pasos del unicornio, dejando tan sólo tras nosotros un paraíso inhabitado.

Yo sí quiero tumbarme en una alfombra de cuadros de colores junto a Zas y Teo, ver a la emperatriz de la China y leer cuentos inexistentes con sintonía mental. Escribe Ana María Matute en boca de su personaje niña que tiene la impresión de haber pasado la mitad de su vida esperando. ¿Quién no? Me pregunto yo. Sobre todo cuando no estás de ánimo. Miras adelante buscando aquellas cosas que puedan llegar a parecerse a una aventura: emoción. Pero en la espera pierdes el tiempo, es decir: la vida. Luego, cuando tales aventuras llegan descubres con tristeza que no son para tanto y te pesan las horas perdidas en su anhelo. ¿Dónde queda pues la vida? En la espera, en el paraíso inhabitado que no hemos conseguido traspasar. Así que dejemos de esperar, agarremos la mano de Michel Monamour y vayamos al teatro del mundo a disfrutar y vivir. Disfrutar y vivir que no tiene por qué ser el mismo demonio que hacer muchas cosas. Sino HACERLAS, con todas sus letras. Leer El Rey Cuervo hasta el penúltimo capítulo, y hacerlo una y otra vez, sabiendo lo que eso significa.

Recuperar ese niño o niña que todos llevamos dentro no es tan difícil, no. Porque es sinónimo de emoción. La vida atímica es la que nos mata y nos hace gigantes insoportables. Nos falta un poco de “Ven ven ven, Adrrri” y nos sobra un poco de Saint Maur. ¿Quién no quiere aprender a volar en primavera? ¿Quién no quiere leer cuentos hasta saciarse? ¿Quién no quiere un abrazo eterno y cómplice? o ¿Esconderse a veces tras un guiñol en la cocina?. La verdad, es que creo que en esta época de crisis debemos dejar de quejarnos tanto, sobre todo los que tenemos poco de que hacerlo, y sonreír más. Coger una o dos de esas viejas llaves que abren puertas secretas y comenzar a habitar el paraíso. Puede que Gavrila no vuelva, pero yo sí, y el unicornio también.



domingo, 18 de diciembre de 2011

Primera página: Primavera silenciosa de Rachel Carson


Todos los días nos levantamos y sentimos que el mundo sigue tal y como lo dejamos anoche. Pero no es así: el mundo cambia y nosotros lo cambiamos también. El poder del ser humano para desestabilizar los equilibrios dinámicos de los ecosistemas es espeluznante. La ceguera con la que nos movemos por el mundo , pensando exclusivamente en nosotros o nuestro grupo, es alarmante. Pero afortunadamente la capacidad de reacción que hemos mostrado en los momentos más difíciles de la humanidad es esperanzador. Abajo podemos ver uno de los casos que estuvo a punto de fracturar de forma definitiva los diversos ecosistemas de la Norteamérica rural. El ser humano, al limite, justo antes del precipicio, consiguió cambiar. Lo cambiamos nosotros, los humanos, las personas que lo habíamos creado. Se consiguió que las empresas pararan la producción de TDT, aunque no quisieran, que los políticos gobernaran a las multinacionales, aunque no quisieran, que los lobbys se callaran, aunque no quisieran. Porque cuando nos unimos, nadie no puede callar. Y todo fue fruto de buenas explicaciones, en cuanto la gente comprendió lo que estaba pasando y lo que implicaba decidió cambiar.

El TDT fue una amenaza terrible que estuvo apunto de arrojar la vida básica de muchas regiones de EEUU. Con la intención de matar algunos insectos problemáticos se envenenaron las cosechas, las aguas, las tierras… Ahí empezó a comprender el ser humano que las reacciones vienen encadenadas y que el peligro viene de lo que no podemos ver. Un ejemplo claro es la muerte de las lombrices, insignificantes a primera vista, ignoradas por todas y vitales para la regeneración y oxificación de la tierra. Eso por no hablar de las cadenas tróficas alterados los ciclos de retroalimentación positiva que generan desequilibrios exponenciales en diferentes áreas.

Un libro delicado y sincero, un libro que te abre los ojos y te inserta en la sociedad natural, un libro de cincuenta años atrás que sigue siendo de total actualidad. Porque el único camino que tenemos es entender nuestro lugar en el mundo. Porque tenemos que cambiar y tenemos que hacerlo ya, pues aún estamos a tiempo. Porque no queremos que este mundo se convierta en una primavera silenciosa. Por ello, esta página debe ser leída, y las que vienen detrás.


Había una vez una ciudad en el corazón DE Norteamérica donde toda la existencia parecía vivir en armonía con lo que le rodeaba. La ciudad estaba enclavada en el centro de un tablero de ajedrez de prósperas granjas, con campos de cereales y huertos donde, en primavera, blancas nueves de flores sobresalían por encima de los verdes campos. En otoño, las encinas, los arces y los abedules, ponían el incendio de sus colores que flameaban y titilaban a través de un fondo de pinares. Entonces, los zorros ladraban en las colinas y los ciervos cruzaban silenciosamente los campos, medio ocultos por las nieblas de las mañanas otoñales.
A lo largo de las carreteras, el laurel, el viburno y el alder, los grandes helechos y las flores silvestres deleitaban el ojo del viajero la mayor parte del año. Incluso en invierno, los bordes de los caminos eran lugares de gran belleza, donde incontables pájaros acudían a comerse las moras y las bayas, y en los sembrados, el rastrojo sobresalía de entre la nieve. La comarca era famosa por la abundancia y variedad de sus pájaros y cuando la riada de las aves migratorias se derramaba sobre ella en primavera y en otoño, la gente llegaba desde grandes distancias para contemplarla. Otros iban a pescar en los arroyos que fluía claros y fríos, de las montañas y que ofrecían sombreados remansos en que nadaba la trucha. Así sucedió en remotos días, hace muchos años, cuando los primeros habitantes edificaron sus casas, cavaron sus pozos y construyeron sus graneros.Entonces un extraño agostamiento se extendió por la comarca y todo empezó a cambiar. Algún maleficio se había adueñado del lugar; misteriosas enfermedades destruyeron las aves de corral; los ovinos y las cabras enflaquecieron y murieron. Por todas partes se extendió una sombra de muerte. Los campesinos hablaron de muchos males que aquejaban a sus familias. En la ciudad, los médicos se encontraron más y más confusos por nuevas clases de afecciones que aparecían entre sus pacientes. Hubo muchas muertes repentinas e inexplicables, no sólo entre los adultos, sino incluso entre los niños que, de pronto, eran atacados por el mal mientras jugaban, y morían a las pocas horas.Se produjo una extraña quietud. Los pájaros, por ejemplo… ¿dónde se habían ido? Mucha gente hablaba de ellos, confusa y preocupada. Los corrales estaban vacíos. Las pocas aves que se veían se hallaban moribundas: temblaban violentamente y ni podían volar. Era una primavera sin voces. En las madrugadas que antaño fueron perturbadas por el coro de los gorriones, golondrinas, palomos, arrendajos y petirrojos y otra multitud de gorjeos, no se percibía un solo rumor; sólo el silencio se extendía sobre los campos, los bosques y las marismas.(…)
Un ceñudo espectro se ha deslizado entre nosotros casi sin notarse, y esta imaginaria tragedia podría fácilmente convertirse en completa realidad que todos nosotros conoceríamos.¿Qué es lo que ha silenciado las voces de la primavera en incontables ciudades de Norteamérica? Este libro trata de explicarlo.”

sábado, 3 de diciembre de 2011

Mi familia y otros animales - Gerald Durrell


Hace ya más de diez años que este libro cayó en mis manos. Un libro en el que se narran las hazañas del pequeño Durrell en Corfú. Pero yo ni siquiera conocía a ese pequeño biólogo que incomprendía ampliamente a sus padres. Tampoco a su depresivo hermano "siempre-vestido-de-negro" que años más tarde, dos precisamente, se convertiría en uno de mis autores favoritos. Ese libro, definitivamente, no tenía nada que ver conmigo. Bueno, quizás sí. Puede que hubiera una razón que explique por qué ese libro cayó en mis manos: María José.

Por aquellos tiempo, ahora casi desparecidos en la memoria, tanto en la del móvil como en la mía propia, yo frecuentaba la devoción por una chica de la facultad de industriales. Realmente quería a esa chica, y aunque no éramos muy afines en gustos literarios su ofrecimiento bíblico (en el sentido literal, quiero decir etimológico de la palabra) llegó a mí como un imperativo categórico: sí o sí.

Me gustó. Debo reconocer que me gustó y mucho. Divertido, irónico, amable, y a la par sencillo. Un libro que todo pretendiente a Cela debería reverenciar por aquello de huir de la pretensión y alcanzar algo de originalidad. Ya sólo el título me parece maravilloso: "Mi familia y otros animales". Por no hablar, claro, del de su secuela "Bichos y demás parientes". Sencillamente geniales. Pero además creo que reflejan muy bien lo que muchas veces sentimos por nuestras familias. Amor incuestionable, en todos sus sentidos: buenos, malos, regulares, rojos, amarillos y cuadrados. Aunque por otra parte, bastante difíciles de entender en muchos momentos. ¡Ay! ¡La familia! Imposible estar más familiarizado con nadie que con ellos. Lo has pasado, por así decirlo, todo. Y aún así, hay veces que te sientes en una mesa y les observas estupefacto como sí de inclasificables insectos gigantes se tratara.

Entonces ya no ves a tu hermano, con el que tanto has compartido, sino una enorme mandíbula articulada sobre la que se sitúan unas opacas esferas esmeraldinas y dos tentadoras antenas. Te sonríe estupefacto sobre su plato de lentejas. No sabes muy bien si con cariño o como eligiendo el menú. Un poco más allá, también sentados sobre el mantel a rayas, una especie de mariquita gesticulante y un coleóptero luminiscente. ¿Papá? ¿Mamá? ¡Ay, madre mía!

Es en estos momentos en los que empiezas seriamente a preocuparte. Asustado te miras las manos esperando ver unas regordetas y blanquecinas larvas arrastrándose por la mesa. Pero no, ahí están, con sus cinco deditos aferrando fuertemente el tenedor y el cuchillo. Levantas la cabeza y Javi-Mantis, Mamá.Mariquita y Manolo-Coleóptero han desaparecido. 

Me quedo allí, como embobado, mirando como los tradicionales Javi, Mamá y Manolo comentan la terrible coincidencia del clásico Madrid-Barça con la boda de Sofía.

Tras tan biológica experiencia creo que estas navidades ayunaré, a ver si así consigo saltarme a los terribles "Bichos y demás parientes".