Un paso, dos pasos, tres... llegué. ¿A dónde? No lo sé. Pero es, seguro, un inicio para seguir caminando.
Escuchaba el fluir del agua en el pequeño molino. Me encantaba sentir como la vida daba vueltas alrededor mío.
La zapatilla estaba rota. Vamos, que llamar despegada a la suela era sencillamente un eufemismo. Aún así, como era incapaz de imaginarme cómo sería caminar sin ella, me la puse. Creo, que en términos generales fue una buena decisión, aunque tuviese que andar todo ese recorrido haciendo el pino.
Dejé caer la piedra barranco abajo. Esperé un pequeño rato. Y ahí estaba de vuelta, subiendo trabajosamente la pendiente como un obediente Sísifo.
Érase una vez que se era un reloj cuyas manillas andaban en todas las direcciones. Un buen día, cansado de tanta desobediencia, el reloj decidió quedarse de brazos cruzados.
Brevemente recuperé un instante de mis vidas pasadas. Es el pavor de la metempsicosis. Espero no volver a ser nunca otro yoyó.
La célula procariota saltó de la epidermis. Prefería desaparecer a ser cómplice de ese terrorífico perpetum mobile del cuerpo humano.
¿Por qué estos libros? ¿Qué tienen que ver con nuestra vida cotidiana? Un viaje a través de los clásicos que se vinculan a mi vida, releyendo sus palabras a través de acontecimientos propios que seguramente sean equivalentes a los vividos por los "otros".
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sábado, 16 de junio de 2012
sábado, 24 de marzo de 2012
Propopías: Los puntos
.
Pasadas ya las doce de la mañana
un punto se revolcó y revolcó hasta convertirse en línea. La línea, harta de
estar tumbada se erguió y junto su proyección en la sombra formó un triangulo.
El triangulo se dividió por meiosis hasta convertirse en una preciosa pirámide
tetraédrica. Fue en ese momento, cuando la pirámide, por un proceso de metempsicosis,
se volvió a transformar en un triste punto.
. & ,
El punto sonrió acalorado,
mirando con ternura las ardientes curvas de su compañera. La verdad la verdad
es que para ser un signo de puntuación esa coma estaba tremenda. Carraspeó
profundamente pensando en las incansables horas de sexo de las que podría
disfrutar con semejante pausa y se acercó gallardo. La coma le miró con
detenimiento, revisando cada pequeño pliegue de su redondez. Al final suspiró
comprendiendo que ese no era más que un punto y seguido.
. . .
Otro punto estaba esperando para
entrar en la Real academia de la lengua. Esperaba intranquilo, pues llevaba
allí más de dos horas. Le parecía increíble que no quisieran atenderle: con la
cantidad de problemas que podría resolver. Finalmente vio su opción. Dos puntos
con pase se apresuraban hacia la entrada y él, como si nada se coló a sus
espaldas como si fueran unos amables puntos suspensivos. Al menos había
conseguido entrar.
viernes, 17 de febrero de 2012
Propopías: La cabeza del elefante
No suelo escribir los viernes, pero tras la noticia de ayer, la matanza de 200 elefantes para cambiar colmillos por dinero, me sale un noséqué...
Un día, un elefante cabezón, como lo son todos, la verdad, miraba tranquilo su amada tierra. Miraba con esos ojos viejos y llenos de historias, de caminos y olores, de recuerdos, casi uno podría decir que de la memoria genética de su especie. Y allí estaba, de píe, al sol, tranquilo, disfrutando de la nada. Junto a él estaban sus jóvenes crías, con esa cara de cachorro que no pueden contener. ¿Cómo algo tan grande puede parecer tan pequeño? La verdad es que no lo sé, pero ahí estaban, juguetones topeteandose con su madre que miraba contenta el vacío. Un poco más allá estaba el resto de la manada y la matriarca. También relajados, plácidos, unos tomando el sol, otros revolcándose en el barro y en el polvo, otros arrancando algunas ramas de una Acacia solitaria, otros sencillamente dormitando.
Un día, un elefante cabezón, como lo son todos, la verdad, miraba tranquilo su amada tierra. Miraba con esos ojos viejos y llenos de historias, de caminos y olores, de recuerdos, casi uno podría decir que de la memoria genética de su especie. Y allí estaba, de píe, al sol, tranquilo, disfrutando de la nada. Junto a él estaban sus jóvenes crías, con esa cara de cachorro que no pueden contener. ¿Cómo algo tan grande puede parecer tan pequeño? La verdad es que no lo sé, pero ahí estaban, juguetones topeteandose con su madre que miraba contenta el vacío. Un poco más allá estaba el resto de la manada y la matriarca. También relajados, plácidos, unos tomando el sol, otros revolcándose en el barro y en el polvo, otros arrancando algunas ramas de una Acacia solitaria, otros sencillamente dormitando.
De repente todos se pusieron en alerta. erguidos, reunidos en torno a sus madres. Estaban en alerta, pero no asustados. Los elefantes no se asustan de nada, de nada salvo del demonio blanco o negro. Así que no sería tan grave. Y no lo era en absoluto. Allí a lo lejos aparecía la impresionante silueta de Dionsios, el macho más majestuoso que había conocido la manada. Dionisios, tras meses perdido en la sabana volvía a aparecer con claras intenciones de aparearse y traer al mundo a otro magnífico descendiente de su estirpe.
¿Cómo habría podido sobrevivir? Muy sencillo, los guardas le habían cortado los colmillos para que pudiese seguir viviendo.
martes, 14 de febrero de 2012
Propopias: Aventuras en el más allá
Los dedos tappeaban por la cubierta de cuero del libro. Luego se paraban. Rascaban suavemente los ajados relieves y volvían a tu tappeteo. Había que tomar una decisión. Pararon. Tappeteo. Parada. Lo o le volví a mirar atónito. Pero sí, allí estaba. ¿Cómo no iba a estar si llevaba veinte minutos hablando con él?. Fue en ese momento cuando tomé la decisión y acepté el ofrecimiento, aunque aún no lo sabía. Recuerdo como la figurilla de tinta sonrió en la oscuridad de su cara, como si hubiese elegido la opción incorrecta. Luego, con su voz de páginas añejas dijo: "Has elegido bien". Le volví a mirar. Una figura de 35 centímetros compuesta enteramente de tinta, casi parecía un muñeco o una sombra, sólo que se movía y hablaba.
Siempre había querido vivir una de esas emocionantes aventuras, pero esto podía ser demasiado. ¿No era demasiado alto el precio que tenía que pagar? ¿Cambiar mi vida por la suya?
La verdad es que mi vida era tremendamente anodina. Ya no me importaba casi nada y llevaba años viviendo solo. Pero dejar de vivir... o sería vivir otra vida. El muñeco de tinta me miraba ávido con sus ojos plenos de pupila. Comencé de nuevo con el tappeteo. El libro parecía apasionante. Uno de esos libros viejos con páginas crujientes y amarillentas que te llaman.
La figura tinturesca se empezó a impacientar y me acercó el contrato con bastante brusquedad. "No le des más vueltas, con la vida que tienes...", me dijo. Lo acercó un poco más. "Piensa en la gloria, en las mujeres, en la amistad más allá de la muerte". Mis ojos comenzaron a mirar al vacío y él supo que había ganado.
Cogí la pluma y firmé. Una punzada hiriente me laceró las venas de la muñeca y mi sangre apareció en la punta de la pluma. Y la pluma comenzó a escribir en la primera página. Mis dedos ya no tappeteaban, no acariciaban ni rascaban. Mis dedos estaban cada vez más inertes, al igual que el resto de mi figura que iba desapareciendo al quedarse sin sangre. Con el último reojo pude apreciar como la figura de tinta se incorporaba en una preciosa joven.
Hoy estamos aquí con la preciosa joven Carla Grunding, escritora de éxito que presenta hoy su apasionantes tercera de "Aventuras en el más allá". Dígame, Carla, ¿cómo ha conseguido escribir en tan poco tiempo estos auténticos best-sellers?
domingo, 1 de enero de 2012
Tríodo
I
Levantó la cabeza confundida ante tamaño ajetreo, ni
siquiera era época de rebajas, pero parecía que todas se habían vuelto locas.
Desesperada miró varias veces a los lados y decidió dejar los Reyes para otro
día. Mientras abandonaba el rastro de ácido fórmico maldijo el día en el que decidieron
copiar esa estúpida tradición humana.
II
Estúpida tradición
humana: esconderse mientras haces tus deposiciones. ¿Quién fue el primero
que siendo mono decidió meterse entre los matorrales? ¿Y el segundo que optó
por copiarle? Ahora todos condenados a tener pestillos en los baños
individuales. Si Berlanga estuviera vivo…
III
“Si Berlanga estuviera
vivo yo estaría de acuerdo, pero siendo que no… Yo me opongo, aunque sea el
único que mantenga esta posición discordante”. Lo dije convencido, con fuerza,
pero la espesa mirada de todas aquellas almas empezó a debilitar mi coraje.
Dudé, pero me parecía un desperdicio no proponerle dirigir película estando con
nosotros en el Más Acá…
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